El atleta mayor de 35: cuando estar en forma no significa estar fuera de riesgo
Durante años hemos repetido un mensaje tranquilizador: si haces ejercicio, estás protegido. Y en gran parte es cierto. Pero hoy, la evidencia médica nos obliga a matizarlo.
Una reciente revisión científica publicada en Current Atherosclerosis Reports replantea cómo debemos evaluar a los deportistas mayores de 35 años —los llamados atletas máster— y lanza un mensaje claro: no pueden ser evaluados como personas sedentarias aparentemente sanas.
El atleta máster no es un paciente “normal”. Es alguien que entrena, que rinde, que muchas veces se siente mejor que hace 10 o 20 años. Pero al mismo tiempo, su biología ya no es la de un atleta joven.
Con la edad aparecen factores que no siempre dan síntomas: hipertensión, dislipidemia, alteraciones en la glucosa o enfermedad coronaria.
Aquí está el punto clave de la evidencia actual:
El buen rendimiento no descarta enfermedad. Muchos atletas mantienen una excelente capacidad física… mientras desarrollan patologías cardiovasculares silenciosas.
El riesgo que no se ve en reposo
Uno de los hallazgos más relevantes es que muchos problemas en esta población no se detectan en un chequeo convencional de consultorio. ¿La razón? No aparecen cuando el paciente está sentado. Aparecen cuando hace lo que más le gusta: entrenar.
Entre las alteraciones más frecuentes descritas en esta población activa se encuentran:
Estos hallazgos cambian completamente la forma en que debemos entender el riesgo cardiovascular deportivo.
El error del modelo tradicional
El problema no es el ejercicio. El problema es cómo lo evaluamos. Los modelos tradicionales de tamizaje fueron diseñados para la población general: personas sedentarias, con bajo nivel de actividad. Pero el atleta máster vive en otro escenario fisiológico:
Tiene adaptaciones cardiovasculares derivadas de años de entrenamiento continuo.
Su excelente condición física puede enmascarar los síntomas de una enfermedad subyacente.
Expone su sistema cardiovascular a exigencias que un sedentario nunca alcanza.
Por eso, la evidencia advierte que las herramientas tradicionales de salud preventiva pueden subestimar su riesgo real.
Hacia un tamizaje verdaderamente deportivo
La conclusión no es alarmar. Es ajustar la mirada. Hoy se propone un enfoque de evaluación clínica mucho más específico para este grupo:
El nuevo estándar de evaluación
- ✓ Historia clínica orientada al deporte
- ✓ Presión arterial (midiendo respuesta al ejercicio)
- ✓ Electrocardiograma de reposo
- ✓ Perfil lipídico completo
- ✓ Evaluación del metabolismo de la glucosa
- ✓ Estratificación de riesgo cardiovascular
- ✓ Pruebas de esfuerzo
Dato clave: Cuando es posible, se recomiendan herramientas avanzadas como la ergoespirometría, que permite entender no solo el riesgo, sino también la respuesta metabólica y cardiovascular real del organismo al ejercicio. Evaluar solo en reposo ya no es suficiente.
El verdadero mensaje
Este no es un mensaje para dejar de entrenar. Es todo lo contrario. Es un mensaje para entrenar mejor. Para evaluarse mejor. Y para entender que la salud del deportista también necesita precisión médica.
En el atleta máster, el riesgo no desaparece por arte de magia por el hecho de sudar todos los días. Solo cambia de forma. Detectarlo a tiempo no solo mejora la seguridad durante la práctica deportiva, sino que también optimiza el rendimiento, alarga la longevidad deportiva y asegura una mejor calidad de vida.
Si tienes más de 35 años y entrenas con intensidad, hay algo que debes saber: tu cuerpo no necesita menos ejercicio… necesita una mejor evaluación.
El ejercicio sigue siendo una de las herramientas más poderosas que tenemos en la medicina moderna. Pero, como cualquier tratamiento potente, debe ser bien indicado, bien dosificado… y bien monitorizado.
“En el atleta máster, estar en forma
no es sinónimo de estar fuera de riesgo.”
Referencia bibliográfica: Andrea Palermi. Vademecum for the Physician Evaluating a Master Athlete. 2025